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Una habitación para la creación

Por 6 octubre, 2019 noviembre 15th, 2019 Sin comentarios

La habitación propia es un ensayo publicado en octubre de 1929 por Virginia Woolf, que describe la situación de las escritoras inglesas en una época donde la literatura estaba dominada en la producción, la recepción y la crítica, por hombres.

Por Sandra Valoyes Villa

Noventa años después de la publicación de La habitación propia, seguimos preguntándonos por las mujeres en este y en otros escenarios de la vida pública, y por qué no son visibles en igual medida que los varones, o por qué aún se ocultan.

La habitación propia, propone preguntas que bien podrían servirnos hoy para revisar el acceso de las mujeres a la educación, al mundo laboral, editorial, periodístico y sobre todo preguntarnos, por su autonomía, en especial la económica.

Al empezar esta obra, Woolf conecta este planteamiento de la siguiente manera: «Para escribir novelas una mujer debe tener dinero y un cuarto propio; y eso, como ustedes verán, deja sin resolver el magno problema de la naturaleza de la mujer y la verdadera naturaleza de la novela».

Aunque es un texto escrito hace casi un siglo, por una mujer en la Inglaterra victoriana tardía que contó con educación, no la universitaria que ya tenían los hombres de su época y su clase social (incluyendo a sus hermanos), sino la que le proveyó una familia adinerada, que contaba con institutriz y una extensa biblioteca, La habitación propia continúa vigente y enlaza elementos como el trabajo doméstico situado en un rol de asignación exclusiva a las mujeres; con la subvaloración de este mismo espacio, la violencia simbólica y los mecanismos creados para evitar o reducir la participación de las mujeres, como burlarse de ellas cuando desempeñan actividades fuera de sus hogares.

Martha Robles en su texto Mujeres del siglo XX dice que «Virginia probó el género del ensayo y en él desveló como pocos las claves de una mentira que ha confinado la razón femenina en los avernos de la irracionalidad, la servidumbre sumisa y el dolor silenciado».

Uno de tantos ejemplos que Woolf construye es el relato de Judith, la hermana ficticia de Shakespeare, que aunque dotada de las mismas facultades con las que contaba su hermano, no tuvo acceso a la educación porque su lugar estaba en la casa. Ese imperativo en la vida de una mujer con tanta sapiencia, le hubiera causado algún desequilibrio mental en aquel siglo XVI, por la imposibilidad de augurar un futuro en el mundo de las letras y el teatro, «quizá garabateó algunas páginas a escondidas, en el desván de las manzanas» pero Judith tuvo que tener «cuidado de esconderlos o prender[les] fuego», para no ser sorprendida, pues la desobediencia la haría además una mujer solitaria «medio bruja, medio hechicera, burlada y temida».

Woolf expresa que en términos económicos tener «un cuarto propio (de un cuarto quieto o de un cuarto a prueba de ruido ni hablemos) era de todo punto imposible, salvo que los padres fueran excepcionalmente ricos y nobilísimos»; por lo mismo, varias mujeres de la época escribieron sus obras en las salas, muchas veces pequeñas salas que debían compartirse por supuesto con todos los miembros de la familia, y a costa de todo tipo de interrupciones que recoge Woolf como lamentos de Miss Nigthtingale cuando dice que «las mujeres nunca tienen una media hora… que sea realmente de ellas».

Esa fue la experiencia que retoma la escritora de La habitación propia, de la también afamada novelista Jane Austen, de quien se cree que su obra o gran parte de ella, debió ser escrita en «la sala común, sujeta a toda clase de interrupciones».

De Austen también, rescata que «debía cuidar que los sirvientes y las visitas, las personas que no fueran de su familia, no sospecharan su tarea», no era de esperarse que una mujer estuviera escribiendo. Al mismo tiempo, elogia tanto a Austen como a otras tantas escritoras que «escriben como mujeres», o lo que Pilar Errázuriz denomina la «construcción propia de un sujeto femenino verosímil», al hacer oídos sordos a lo que les decían los hombres de cómo escribir como hombres, que es un poco lo que hoy llamamos: Mansplaining.

Sin duda este ensayo tendrá mil maneras de leerse, pero quisimos retomarlo desde la insistencia de Virginia Woolf en la necesidad que tienen las mujeres por alcanzar su autonomía, especialmente la económica, en una actualidad abrumadora por las preocupantes cifras de mujeres empobrecidas, afectadas por el desempleo o la imposibilidad del ascenso laboral, y la brecha salarial; y cuando, después de muchos derechos alcanzados, aún no se percibe una representación real y simbólica en los espacios mediáticos y de poder.

«…lo mismo que los hombres; [las mujeres] necesitan ejercicio para sus facultades y campo para sus esfuerzos, igual que sus hermanos; sufren reglas demasiado rígidas, (…) y es una estrechez en su prójimo más privilegiado el decir que ellas deben limitarse a hacer tortas y a tejer medias, a tocar el piano y bordar carteras. Es insensato condenarlas, o reírse de ellas, si buscan hacer más o aprender más que lo prescripto por el hábito»

Virginia Woolf
Desde su época, su ser y el escenario de la participación de las mujeres en la escritura, Woolf con La habitación propia reflexiona sobre la discriminación de las mujeres en un plano más amplio, incluye maneras en las que las mujeres de ese momento, con justas proporciones también hoy, han sido limitadas para acceder a la educación, a la política y la literatura, es decir, a escribir desde su visión y propia experiencia del mundo, y hacerlo con independencia, en un lugar propio que permita la concentración y la exploración de su creatividad.

La habitación propia en 8 datos

Es producto de una serie de reflexiones y conferencias que realizó Virginia Woolf y que denominó Mujeres y Ficción, sobre las mujeres y la literatura.

Se publicó un año después de que las mujeres del Reino Unido, obtuvieran el mismo derecho al voto del que gozaban los varones con mucha antelación.

El ensayo fue terminado en mayo de 1929.

El 23 de junio de 1929 Woolf declara en su diario «a causa de esto estoy sumergida en mi gran lago de melancolía. Dios mío qué profundo es. Una melancólica de nacimiento. Eso es lo que soy». (Pilar Errázuriz)

El 19 de agosto Woolf termina la revisión del texto.

Se publicó el 24 de octubre de 1929.

El sobrino y biógrafo de Woolf, Quentin Bell, expresó en su biografía que «quienes deseen conocer qué tipo de persona era Virginia Woolf en el otoño de 1928 deberían hacerlo», refiriéndose a la lectura de La habitación propia. (Pilar Errázuriz)

La obra fue redescubierta durante la década de 1970 y desde ese entonces, expandida por el movimiento feminista.

Virginia Woolf

Imagen de la COLECCIÓN DE LA LIBRERÍA DE HOUGHTON tomada de El País

Nació el 25 de enero de 1882 en Londres, descrita por Martha Robles como «una ciudad dividida por luchas laborales, sufragistas e imperialistas y privilegios de bienestar relacionados con el poder de la aristocracia y el prestigio académico/masculino».

Virginia Woolf, empezó a escribir desde los catorce años, entre sus obras se encuentran cuentos, ensayos, novelas y algunos libros de no ficción como Tres guineas (1938), en el que hace una reflexión sobre el pacifismo en medio de la gestación de la segunda guerra mundial y el lugar de opresión de las mujeres en ese mismo contexto histórico.

Sus novelas son: Fin de viaje (1915), Noche y día (1919), El cuarto de Jacob (1922), La señora Dalloway (1925), Al faro (1927), Orlando (1928), Las olas (1931), Los años (1937), Entre actos (1941).

La habitación propia es su ensayo más célebre.
Virginia Woolf, se suicida el 28 de marzo de 1941.

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