Cultura

¿ENTONCES QUÉ, PAPÁ?

Por 15 junio, 2019 octubre 18th, 2019 Sin comentarios

En este artículo de opinión, el columnista Alberto Morales Gutiérrez hace una reflexión sobre las paternidades ausentes y el fenómeno de la inasistencia alimentaria, a propósito de la celebración del Día del padre en Colombia. De acuerdo con el autor, tras esta problemática existe una cultura retardataria que sigue culpabilizando a las mujeres por los embarazos no deseados y que se resiste a una educación sexual integral.

Columnista invitado: Alberto Morales Gutiérrez

Me llegó por whatsapp uno de esos chistes que se vuelven virales: «Se viene el mes de papá. Sorpréndelo con una demanda de alimentos» y firmaba una «empresa» de abogados que, desde el chiste, se encontraba en promoción.

Quien me remitió el mensaje se quejaba de que esa era la imagen del padre en nuestro país, pero le respondí con una reflexión en el sentido de que muchos «padres» le han trabajado con ahínco a popularizar ese concepto.

Hay desde luego padres ejemplares, abundan los padres responsables y amorosos, pero no menos reducido es el volumen de personajes que no entienden, no ejercen y no asumen su paternidad.

Una visión simplista se centraría en emitir un juicio de valor: Ese padre que no responde es simplemente un ignorante, un cobarde, un don nadie, un poquita cosa.

Pero el tema es más complejo.

De un lado está el tema cultural que marca un rol determinado y está ligado a la visión machista imperante: el rol del proveedor. Así, la responsabilidad paterna se reduce a que garantice un techo, alimentación, vestido y educación a su hijo o hija. No se piensa en términos integrales de formación, de interacciones, de empatía. No se piensa el padre en términos de crianza.

De otro lado está el tema del origen de la paternidad, pues en muchos casos se trata de relaciones pasajeras: una noche de juerga que termina en embarazo y el padre se niega a reconocer que ese hijo es suyo. De nuevo aparece la óptica machista. El padre asume que la madre es prolífica, fácil, prostituta. Que de la misma manera que se acostó con él, lo hace con quien pase por su lado. Esa descalificación a la madre descalifica al hijo. Ni siquiera se rinde a las evidencias. Cuando las pruebas de sangre certifican la paternidad, aduce que está siendo manipulado.

El periódico El Tiempo destacaba en su edición del 6 de septiembre de 2016 que «hoy, gracias a los avances de la ciencia genética, una gota de sangre del supuesto padre, o un cabello, un diente, un fragmento de hueso (en caso de que este haya muerto) pueden ser utilizados para establecer un grado de certeza de paternidad de un 99.9%».

Los juzgados están llenos de casos en los que padres con recursos deciden hacer «desaparecer» sus bienes para no asumir su responsabilidad.

En Colombia, según datos del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, se abren cada día 41 casos legales de paternidad responsable. Son 15.000 al año (datos de 2013, Investigación del ICBF referida en el periódico El Tiempo de noviembre 12 de ese año).

No se puede perder de vista tampoco el tema de la descomposición social y ética del país, que ha tenido impactos innegables en la vida familiar de la población colombiana.

Si no hay un proyecto de país, mucho menos proyectos de vida en común como parejas. La ausencia de educación sexual oportuna y pertinente desencadena la problemática del embarazo adolescente y, definitivamente, el tema de la inequidad de género.

Resulta por lo menos aberrante la descarada actitud de funcionarios judiciales e inspectores de policía que toman partido a favor del hombre agresor, que desestiman las denuncias y reclamos que hacen las mujeres y que, bajo la premisa de que los temas de la paternidad son asuntos del fuero familiar, convocan a que sean arreglados en las casas.

Esto permite entender que el tema de la paternidad irresponsable está ligado de manera inexorable a los temas de las violencias de género y del embarazo adolescente. Se trata ciertamente de un problema estructural de nuestra sociedad.

¿Y el trasfondo? Un tema político, un tema asociado a la visión del mundo.

Mire usted que el abordaje de los temas de equidad en general y de embarazo adolescente en particular, desencadenan en los sectores más retardatarios de la sociedad una oposición total, pues los asocian a lo que denominan «la ideología de género».

Estos sectores utilizan de manera más contundente la comunicación y sus estrategias son mucho más coherentes en el aprovechamiento de los medios masivos de comunicación, para desencadenar relatos dominantes y narrativas adversas a la construcción de políticas certeras de educación sexual, igualdad y respeto.

Para la muestra un botón «antiguo», que demuestra la consistencia de las visiones retardatarias de la sociedad:

Con el título de «El enredo del embarazo adolescente» Mauricio Rubio en el diario El Espectador del 17 de noviembre de 2012 hace un análisis curtido de cifras contundentes – desde su perspectiva– que busca demostrar cómo las estrategias de educación sexual en los jóvenes impulsan la llegada temprana a la sexualidad y son inanes a la hora de neutralizar el flagelo del embarazo adolescente.

La conclusión es perversa y maniquea al referirse a entrevistas de profundidad a jóvenes adolescentes embarazadas: «Todas ellas sabían qué es y para qué sirve un condón».

Finalmente refiere a un estudio que demuestra cómo los adolescentes son engañados por las niñas embarazadas que los ubican en el predicamento de asumir responsabilidades que no les corresponden.

Todo apunta a que la «vida desordenada de la sexualidad de las niñas adolescentes» se presta para todo tipo de equívocos.

El problema son las mujeres según concluye el misógino señor Rubio y entonces si ese es el problema, ¿para qué paternidad responsable?

¡Qué bárbaros!

Alberto Morales Gutiérrez es publicista y abogado, con una amplia experiencia en las áreas creativas y de visión estratégica en empresas. Ha sido columnista y articulista en los periódicos El Colombiano, El Mundo, El Tiempo y diferentes revistas. Y ganador del Premio Simón Bolivar por sus trabajos periodísticos «La verdad sea dicha» (2005) y «Días de radio» (1984). En la actualidad se desempeña como director general de la compañía MoralesCom Colombia.

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